¡GOOOOL DE SEÑOR!

Este 21 de diciembre se conmemora una fecha histórica para el fútbol español. Un punto de inflexión en su historia. Y es que, pese a lo que pueda parecer hoy día, con un entorchado mundial a la espalda y con mayor o menor brillo, pero siendo referencia del fútbol internacional, la Selección española no siempre llevó su fama así de lozana y alegre. De hecho, aquellos primeros años 80, fueron una auténtica tortura para “La Roja” que hizo un papel lamentable en su Mundial y requirió de un milagro para disputar la Eurocopa de 1984.

Para conocer más a fondo aquella efeméride, vamos a remontarnos al Mundial de 1982, en España, en que la selección organizadora cuajaría una actuación casi bochornosa. España quedaría encuadrada en el grupo quinto, con las selecciones de Irlanda del Norte, Yugoslavia y Honduras. España empataría a 1 con Hondura, ganaría a Yugoslavia 2-1 y caería frente a Irlanda del Norte por 0-1, pasando a segunda ronda clasificada como segunda de grupo. El palo sería tremendo, ya que la segunda posición relegaría a España a jugarse el pase con Alemania Federal, e Inglaterra. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. El Santiago Bernabéu asistió a la derrota frente a Alemania por 2-1 y el empate frente a Inglaterra que dejaba a la Roja fuera de su propio mundial. Soplaban vientos huracanados en la RFEF.

Mientras era evidente el naufragio de la selección española, entre pitos y flautas, urgía remodelar el fútbol español. Era evidente el agotamiento de un modelo que cierto es, 20 años atrás, había dado a la Roja su único título oficial, el Europeo de 1964 derrotando en la final a la Unión Soviética. Sin embargo aquel fútbol que hizo soñar a los españoles había ido perdiendo fuerza. Estaba siendo constantemente superado por otras corrientes, otros estilos. En España aún ni se planteaban un cambio de paradigma.

La debacle mundialista había abierto la caja de los truenos. Todo era pesimismo y alarmismo en el fútbol español. En ocasiones ni la propia prensa sabía a qué atenerse con la selección. Y la fase de clasificación para la Eurocopa de 1984 sería un auténtico quebradero de cabeza. España debía jugarse la clasificación en el grupo 7, contra Holanda, Islandia, Irlanda y Malta. El problema radica en que sólo el campeón de grupo se clasificaría para el torneo. Y pese a llegar a la última jornada con opciones matemáticas, España veía muy negro el panorama. La pugna con Holanda fue vertiginosa. Ambas selecciones eran con diferencia las candidatas a ese primer puesto del grupo. Ambos se ganaron en sus partidos entre sí, (1-0 y 2-1) y llegaban igualados a puntos a la última jornada. La diferencia radicaba en el golaveraje general, ya que Holanda había vapuleado a Malta por 0-6 y 5-0 mientras la máxima diferencia de goles obtenida por la selección española fue de 2 goles. El último duelo de la Roja, frente a Malta, debía solventarse por una diferencia de 11 goles. Algo que a la propia prensa española se le antojaba imposible.

Pero un hombre en aquella selección, el seleccionador, no dejó de creer. Lo cierto es que la carrera por clasificarse había sido muy digna. España había ganado todos los partidos y cedido tan sólo un empate. Exactamente igual que Holanda. Aquel equipo merecía cierto crédito. Merecía que alguien confiase en la hazaña. Merecía soñar con clasificarse. Miguel Muñoz no dudó. Tanto es así que se presentaría en el Benito Villamarín con un once más que sorprendente. Un esquema que hace años estaba en desuso. Una alineación sorprendente e superofensiva. En portería Paco Buyo. Defensa de 3 con Camacho, Goikoetxea y Maceda. 3 en la media, con Señor, Muñoz y Gordillo.  Y 4 hombres en ataque: Carrasco, Rincón, Sarabia y Santillana.

La selección española salió sin complejos. Al ataque, dominando y sometiendo a Malta. Un remate de cabeza de Santilllana abriría el marcador. Pero, como un jarro de agua fría, un mal rebote en Maceda se colaría en la meta de Buyo, helando la sangre del Villamarín. Con empate a 1, y pese al sometimiento del equipo rival, la afición seguía muy lejos de sentirse animada para remontar. Santillana marcaría 2 goles más antes de que ambos conjuntos se marchasen al vestuario con 3-1 al final de la primera mitad. La quimera parecía más lejos aún.

El retorno de vestuarios pareció dar nuevos bríos a los españoles. En los 10 primeros minutos, Poli Rincón pondría el cuarto y quinto gol de la roja. Acercándose poco a poco a la cifra mágica, los españoles no daban respiro en la presión a la selección de Malta. Maceda anotaría otros dos goles para poner el 7-1 a falta de menos de media hora. ¿Imposible? Podría parecerlo. Pero el acierto cara a puerta y la fe renovada de los españoles les hizo seguir empujando. Santillana y Rincón, por partida doble, volverían a marcar, poniendo el 10-1 a falta de 10 minutos para el final. Manu Sarabia haría el 11-1 en el 82. A esta alturas el Benito Villamarín era un hervidero. España siguió percutiendo, tratando una y otra vez de volver a anotar frente a los desbordados defensores malteses. Y llegaría el minuto 87.

Víctor trata de percutir por el centro de la zaga y un mal despeje cae cerca de la frontal en botas de Señor. Este no se lo piensa ni un solo instante, y de un fuerte chut bate al meta de Malta logrando la remontada que nadie habría podido, siquiera, imaginar. 12-1. La voz rota gritando el tanto de José Ángel De la Casa. El Villamarín rendido a sus héroes. España se había clasificado para la Eurocopa de 1984. Y lo más interesante. Aquella victoria, aún dio un último arreón a aquella selección y a aquel modelo. En aquella Eurocopa, España alcanzaría la final del torneo, y sólo la Francia de Platini logró arrebatarle el título. España ya no era nadie en el mundo del fútbol internacional. Y 12 goles a Malta, y el Gol de Señor, a punto estuvieron de darle su segundo entorchado europeo.

Por el medio, los rumores de haber comprado el resultado a Malta. Difícil de creer, si se revisa el encuentro. Ya no por las repetidas pérdidas de tiempo de los malteses, también porque puestos a facilitar un resultado, se me antoja muy complicado que quien quiere garantizarlo comience marcando. Pero desde Holanda, como es lógico, es muy difícil entender y asumir un resultado semejante. Y desde Malta, por supuesto. Desde donde se acusó a los españoles de tomar anabolizantes y hasta envenenar unos limones que se le suministraron en el vestuario a la selección visitante.

En fin, aquel 21 de diciembre de 1983, toda España gritó el gol de Señor. Para el recuerdo, la narración imperdible de José Ángel De la Casa. Que lo disfruten…

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