Schuster el travieso

Hoy cumple años el Nibelungo. El bueno y testarudo Bernd Schuster. Y para celebrarlo, vamos a repasar su carrera de una forma bastante particular. Pasen y vean, que no se van a arrepentir. Bernd Schuster. El hombre de las butifarras. De todo tipo y de todos los colores. Feliz cumpleaños.

 Una melena lacia y rubia de veinteañero dominó la medular del fútbol europeo en 1980. Un cerebro preparado en su máxima expresión para dominar el juego y una presencia imperial auguraban una carrera repleta de éxitos. Eran el jovencísimo Bernd Schuster, un talento en el que se fijaría todo el mundo del fútbol.

Acompañando a su innegable talento, estaba una capacidad, diría que única, para poner en entredicho todas aquellas instituciones que osaron apostar por el talentoso rubio germano. Desde la selección nacional, pasando por el F.C. Barcelona de Maradona, el Real Madrid de la Quinta del Buitre o Atlético de Madrid de Paolo Futre. Un carácter que, aún hoy, hace relamerse a cualquier director de radio que le pone un micro delante para oírlo despotricar.

El joven Bernd Schuster ficharía por el F.C. Barcelona tras una exitosa Eurocopa. A los 40 días de su llegada, el alemán ya tendría el honor de probar la efectividad de los puños de Migueli, al que no le gustaban demasiado los jovenzuelos con humos de divo. Ojalá aquel hubiese sido su único tropiezo. La temporada pintaba, pese a todo, bastante satisfactoria. Los azulgrana marchaban segundos, a escasos puntos del Atlético de Madrid cuando, tras golear al Hércules, a la salida Quini, goleador del equipo, fue secuestrado.  Aquel hecho hubiese hecho que hoy se parase la competición. Al menos para el Barça. Sin embargo la RFEF decidiría no aplazar los encuentros del club catalán, que debía, además, enfrentarse al líder en Madrid, con la ausencia del secuestrado Quini y el consiguiente trastorno al resto del equipo. Schuster quedó muy conmocionado por aquel asunto. Siempre dijo que Quini fue su mejor compañero en Barcelona. Para el nibelungo, aquella situación era insostenible. Contó que los nervios afloraban por momentos, que vivía una crisis nerviosa y no debía jugar el próximo partido. Así selo hizo saber al Mago, Helenio Herrera, que al parecer, le pondría a jugar de todas formas. Aquello hizo que Schuster pusiese la cruz a HH, y comenzase su personal vendetta. A la postre, el Barça perdería los dos encuentros en que Quini no estaba disponible. Frente al Atlético y al Salamanca, y a la postre, perdería aquella liga. Schuster contaría, públicamente, que Helenio Herrera manejaría mal aquella crisis, y sería el responsable máximo de haber dejado escapar el campeonato.

A HH lo sustituiría el también alemán, Udo Lattek. No tardaría ni 2 semanas en cabrear a Bernd Schuster, que lo llamaría, públicamente, borracho. Aunque después se retractaría. Y tras echar a Lattek, como recuerda Schuster, llegaría Terry Venables, con quien Bernd Shuster tendría disputas de todo tipo. Desde marcharse en mitad de un entrenamiento, hasta pleitos con abogados de por medio. El jugador sería apartado, se pasaría temporadas enteras sin jugar, apartado del equipo, y daría rienda suelta a su boca en los medios, atizando al entrenador, al club y hasta a la afición. En can Barça a Schuster se le recuerdan 2 peinetas. Una al ganar la final de Copa al Real Madrid. La otra, destinada a su propia afición, a la que dirigió también sus declaraciones en la prensa: “Seré feliz cuando pueda marcharme del F.C. Barcelona”. Con todo, siguió jugando. Se produciría el esperpéntico suceso de la final de Sevilla, en que un enrabietado Schuster se marchó al aeropuerto en dirección a su casa tras ser sustituido. Y al final, el estallido del Motín del Hesperia, pillaría a contrapié al germano. La plantilla contaba con su presencia y apoyo. Pero Schuster jamás acudió. Lo que le valió otro par de guantazos de algún capitán en uno de los últimos entrenamientos con el club catalán.

Pero no era el Barça el problema de Schuster. Mientras todo esto ocurría, con su selección, el nibelungo se las tendría con el seleccionador y con la propia federación alemana por rechazar esta que Schuster se ausentara en un partido frente a Albania por el nacimiento de su hijo. Públicamente, Bernd se enfrentó, prensa mediante, al seleccionador Jupp Derwall y contra compañeros de la talla de Rummenigge y Uli Stielike y renunciaría finalmente a volver a jugar con su selección, incomprensiblemente, cuando hubiera sido un indiscutible en el próximo mundial. Con todo, de cara al mundial de 1986, Schuster fue llamado por el mismísimo Franz Beckenbauer. La respuesta de Schuster ante los medios volvería a ser tajante: “Alemania y Schuster no casan juntos”.

Tras ochos duros años en Barcelona, Schuster recalaría en el máximo rival, algunos dirán que sólo por joder. En 1988 se haría jugador del Real Madrid. Aunque se esperaba que fuese un complemento perfecto para los Michel, Butragueño y Hugo Sánchez, el Milan de Sacchi los apearía dos veces de la Copa de Europa, gran objetivo blanco entonces, aunque sí se pasearían en Liga. Schuster nunca brilló como en años anteriores, aunque su calidad quedaba más que patente en muchos partidos. Su etapa llegaría a su fin tras una relación horrorosa con algunos de sus compañeros, y un tortuoso desafío a la junta directiva madridista. El club blanco planeó una gira Americana a la que Schuster no sólo se negaría a ir. Además cometería el esperpento de bajarse del autobús camino de Barajas el mismo día que debían embarcar. Jamás volvería a vestir de blanco.

Y se marcharía a probar en su tercer equipo en España, el Atlético de Madrid de Paolo Futre.

Apenas con tiempo a nada, Schuster brillaba, sin el encandilamiento de su primera etapa, pero dejando claro que era indiscutible. Tras algunos episodios con compañeros en el vestuario colchonero con los que certificó su fama de díscolo, el nuevo entrenador argentino, Pastoriza, recién llegado, no contaba con el alemán. No había declarado públicamente tal cosa, pero era un secreto a voces. Schuster, ni corto ni perezoso, dejó para la posteridad otra frase: “Si me vuelve a tocar el pirindolo, lo mato.” Con Bernd, nada es casual. Volverían las butifarras, esta vez dirigidas, desde el Calderón, para celebrar los goles del Tenerife al Real Madrid que le daban la Liga al Barça de Cruyff.

Como entrenador, Schuster ha tenido toda una serie de frases para el recuerdo y enfrentamientos con directivos que acabaron por ponerlo de patitas en la calle, como ocurrió en el Fortuna Colonia. Después dejaría unas cuántas perlas más dirigiendo al Getafe, al Levante o al propio Real Madrid donde diría que “En Madrid opinan muchos”. Hoy lo vemos de radio en radio, con su particular sentido del humor. Hoy lo llaman Bernardo. Sin aclarar sus preferencias. Diciendo a todos que “esa es su opinión y si no les gusta, cambien de emisora”. Feliz cumpleaños Bernd… si se me permite…

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