El Clásico de Spasic

Laudrup y Koeman

He sentido verdadera devoción por tan solo un jugador. Michael Laudrup era la musa de mis sueños de niño. Con su cabello, que envidiaría el mismísimo Principe de Bekelair, el danés no era el favorito entre los que seguían algo de fútbol en mi clase.

La mayoría prefería a Stoichkov, a Koeman, que tras Wembley tuvo muchísimos adeptos que antes le insultaban o de Romario, cracks que marcaban muchos goles-

En ese sentido Michelino no era nada del otro mundo, en 5 temporadas con los blaugrana marcó un total de 54 goles, bien, pero nada del otro mundo en un equipo tan ofensivo como el Dream Team.

Pero Michael era magia, y esos movimientos de varita en forma de la famosa “croqueta” , esos pases al espacio, esos controles imposibles que provocaban mi asombro y mi enamoramiento futbolístico incondicional.

Hace 30 años, parecía que iba a ser el día de Michael. Yo estaba expectante, el 19 de enero de 1991 se jugaba la última jornada de la primera vuelta y el Barça recibía al Real Madrid, que tras 5 ligas seguidas, se hundía poco a poco en la autocomplacencia y estaba 8 puntos por debajo del Barça, que era un líder sólido a pesar de los infortunios en forma de lesión, ya que Koeman se rompió el tendón de Aquiles en octubre (en el Calderón) y a Stoichkov le quedaba un mes más de sanción por querer bailar flamenco en la Supercopa de España.

Laudrup, pues, debía asumir el rol de estrella del equipo, ya que era el único extranjero que pondría en liza ese día Johan Cruyff

Alfredo Di Stéfano, que cogió las riendas como técnico tras la derrota en Valencia que acabó costando la destitución de Toshack, tenía las bajas de Gordillo, Sanchís y Hierro, así que tendría que poner por fuerza a Tendillo y Spasic en el centro de la zaga.

La víspera se había visto enturbiada por la Guerra del Golfo, que añadido a la diferencia en la clasificación, hacía que pareciera un clásico descafeinado, no para mi, que viviría mi primer Barça-Madrid.

El Camp Nou se llenó y pronto marcó Laudrup su tercer gol en esa Liga (había marcado dos en el partido ante el Athletic). Fue un golazo, Goikoetxea, que hizo un temporadón, centra tras una carrera del navarro desde la banda izquierda y Laudrup de volea batía a Jaro poniendo el 1 a 0.

En las gradas del Camp Nou se encendieron bengalas y se vio como con letras gigantes (mínimo Arial 144) se desplegaba un BYE BYE MADRID.

El partido fue flojito y el Real Madrid, que había reclamado con anterioridad un penalti sobre Hugo Sánchez (clarísimo) empataba 10 minutos después en su único chut entre los tres palos ese día. Butragueño marcaba su séptimo gol en el campeonato y la culerada se vio impaciente.

Nuestro querido Spasic

Pero en la segunda parte llegó la jugada cómica del partido y Spasic, el central que podría haber trabajado en una fábrica de tornillos, se marcó el 2 a 1 en propia puerta provocando las risotadas de muchos culés y ….muchos merengues, incluso de su entrenador que miraba atónito al central yugoslavo.

Ese día se ganó, se dejó al equipo blanco casi con los dos pies fuera de la lucha por la liga y Laudrup marcó uno de sus mejores goles de azulgrana, pero la gente, 30 años después, recuerda ese 19 de enero de 1991 como “El Clásico de Spasic”.

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