Van Gaal me trajo carbón

Hoy es Noche de Reyes. Una noche mágica para los niños, una noche cara para los padres.

A pesar de que he tenido muchas noches de reyes con buen recuerdo, lo cierto es que si nombras el 5 de enero, a mi mente no vienen los regalos, el roscón, los caramelos o Antonio, ese hombre que trabajaba en la ferretería y le habían untado de betún para que hiciese de Baltasar.

No, mi mente viaja hacía Salamanca, en una fría noche de enero, en la que sufrí un poco de vergüenza y me arruinaron esa noche mágica (ese año no fue tan mágica, en casa no pasábamos por un buen momento económico y los regalos fueron casi testimoniales)

El 5 de enero de 1998 yo había hecho la ronda habitual, mi madre nos daba a mi hermano y a mí el regalo que nos habían dejado los magos de Oriente, luego íbamos a casa de mi abuela, que siempre nos regalaba 5.000 pesetas a cada uno (tanto yo como mi hermano las usamos en marzo para comprar a medias la Playstation) y acabábamos en casa de mi tía, donde invariablemente me caía un chándal con colores vivos y muy (muy) difíciles de combinar.

Los Reyes Magos de Oriente

En 1998 el año no había empezado nada mal. En mi primer año jugando a fútbol (los cinco anteriores había jugado de portero de fútbol sala) el banquillo era mi posición habitual y me costaba mucho aceptar que, hiciese lo que hiciese, mi número, al iniciar el partido sería el 13, pero en el último partido del año 97, yo tuve que bajar al infantil “b”, ya que la gripe había causado estragos y me marqué un partidazo que hizo que mi entrenador en el “A” y el entrenador del “B” se pelearan por tenerme con ellos.

A mi me daba igual, yo quería jugar y encima al portero que me dejaba siempre en el banquillo,le habían expulsado en el último partido por darle una patada al rival. No podría jugar el partido del 3 de enero y eso me abría la puerta de la titularidad.

Ese partido me salió muy bien y encima ganamos el derby municipal por un rotundo 5 a 0, llevándome elogios por parte de padres, compañeros y entrenador que parecía poner confianza en mí. (Cuando acabó la sanción, volvió el 13 a mi espalda).

La noche de ese 3 de enero el Real Madrid jugaba en Sevilla y el Betis, que esa temporada anduvo por mitad de tabla acabó ganando 3 a 2 al equipo de Heynckes, con debut de Savio y patada de Luis Márquez a los segundos de la entrada del brasileño, dándole la bienvenida a Europa.

El Barça jugaría dos días después, la noche de Reyes, que caía en lunes y el partido lo daría en directo Antena 3, que durante dos temporadas (esta sería la última) daba los partidos en el primer día de la semana.

El equipo de Van Gaal llegaba como líder, con un punto sobre el Real Madrid y con dos partidos menos, ese que jugaría esa noche en El Helmántico y otro dos jornadas atrás, en el Villamarín, que se había suspendido por la lluvia (no sería la última vez que al Barça le suspenden un partido por la lluvia en Sevilla, algo que puede parecer irónico).

El equipo azulgrana no estaba convenciendo del todo, sobre todo por su pronta eliminación en Champions, pero a decir verdad, en Liga tan solo había empatado en Santiago de Compostela y perdido ante Athletic y Oviedo a domicilio y ante el Valladolid en el Camp Nou (segunda y última victoria blanquivioleta en el coliseo azulgrana), el resto, habían sido victorias.

Aún así, parecía que el equipo había dejado las dudas atrás y llevaba 12 puntos en los últimos 4 partidos.

El Salamanca, que era el rival y anfitrión de esa noche ya iba por su tercer inquilino en el banquillo. Con Goikoetxea, que subió a La Unión el año anterior tan solo se tuvieron 7 jornadas de paciencia, en las que el equipo salmantino tan solo había logrado una victoria y un empate. Le sustituyó un emblema en el club como Balta, que con los charros había jugado más de 250 partidos en las tres primeras divisiones del fútbol español.

En tres jornadas, Balta no pudo cambiar el desarrollo del equipo y con un empate en tres partidos, dejó su lugar a Txetxu Rojo, cuya última aventura en Primera, había sido con el Celta (al cuál llevó a la final de Copa) en 1994.

A pesar de un mal comienzo, el equipo de Rojo va mejorando y logran ganar en Mestalla y consiguen 10 de los últimos 15 puntos en juego dejando al equipo salmantino fuera de los puestos de descenso.

El Helmántico se llenó en esa ocasión y Rojo alineó a Stelea en portería, Lanna y Pavlicic en el centro de la zaga, carril derecho para Corino e izquierdo para Paulo Torres ,doble pivote con Taira y Rogerio, Edu Alonso por la derecha, Martín Vellisca por la izquierda y de mediapunta el peruano Zegarra y en ataque, el portugués Pauleta, que llevaba 8 de los 13 goles que llevaba el equipo.

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Anderson y Giovanni en el Helmántico.

Ni Loren ni Giovanella estarían presentes debido a sanción.

Por parte del Barça, Van Gaal llegaba eufórico tras la derrota del Real Madrid y proclamaba que, mientras los blancos iban para abajo, los azulgranas ascendían.

El técnico holandés no podría contar con los lesionados Abelardo, Guardiola, Vitor Baía, Óscar García, Stoichkov ni la importantísima ausencia de Dragan Ciric, que estaba griposo.

El Barça alineó a Hesp en portería, Reiziger y Bogarde como marcadores, con Luis Enrique jugando por la derecha y Sergi por la izquierda, Celades de mediocentro y con De la Peña y Giovanni como interiores. Arriba jugaban por la derecha Figo, por la izquierda Rivaldo y en punta Sony Anderson.

A pesar de que en la primera parte el Barça se adelantó gracias a un gol de Anderson a pase del “Pequeño Buda”, poco antes del descanso Zegarra marcaba su primer gol en Primera  aprovechando una de esos despistes defensivos tan claros en la etapa de Van Gaal en el banquillo. 1 a 1 y eso que el equipo catalán estrelló dos balones en la madera a pies de Rivaldo y Giovanni.

En la segunda parte, la mayor calidad técnica del Barça se demostró con dos goles de Luis Enrique (que se había casado en esas fiestas navideñas) y de Giovanni, que dejaban el marcador 1 a 3 a 10 minutos del final, pero no, porque en el minuto 80, el colegiado valenciano Fernández Marín señalaba un penalti muy estricto de Ferrer sobre Pauleta, que César Brito, que había sustituido 15 minutos antes a Rogerio transformaba poniendo el 2 a 3.

Ante esta tesitura, Louis Van Gaal hizo el único cambio del partido y dio entrada a Couto, un central por Iván De la Peña, un interior y así intentar amarrar el resultado.

6 segundos (si, si, habéis leído bien) después de la entrada del portugués al campo, César Brito empataba el partido y el Helmántico empezaba a creerse la machada.

Tras el empate, el Barça estrelló un balón al larguero siendo Couto el goleador frustrado en esa ocasión y en esa misma contra el “Cuqui” Silvani marcó el 4 a 3 en un partido loco.

El Salamanca, un claro candidato al descenso había marcado 3 goles en tan solo 8 minutos para poner el 4 a 3 final.

A pesar de que el Barça seguía líder con un partido menos, la risotada que hubo hacía los culés al día siguiente fue escandalosa (no acabaría ahí).

Ese año, Van Gaal nos trajo carbón a todos los culés.

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